De las relaciones entre filosofía y poesía

Roberto Sánchez Benítez

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Referencias


Arendt, Hannah, La condición humana, Barcelona, Paidós, 1998, p. 201.

Arendt, Hannah, ibid., p. 202.

Recuérdese lo que señala el escritor checo Milán Kundera, a propósito de la novela. Dicho género no examina la realidad sino la existencia; los personajes literarios son “egos experimentales” que exploran la existencia en sus límites, a la vez que anticipan futuros “modos de ser” en el tiempo; que la modernidad tiene en Cervantes otro origen, al lado de Descartes; que uno de los legados cervantinos ha sido precisamente el haber establecido una cierta “sabiduría de la incertidumbre”; que de lo que trata la gran literatura es precisamente de recuperar lo que señaló atinadamente Heidegger, a saber, el “olvido del ser”; y finalmente, que la novela es portadora de novedades, como a su vez ha insistido Carlos Fuentes (Cfr. Kundera, Milán, El arte de la novela, México, Vuelta, 1988).

Arendt, Hannah, op. cit., p. 25. Como se sabe, uno de los rasgos determinantesque la discípula de Heidegger le concede al actuar humano es su carácter impredecible, así como el que pueda resignificar los acontecimientos del pasado, así como la imposibilidad de que pueda deshacer lo hecho. El carácter irreversible y no pronosticable de la acción humana: “Y esta incapacidad para deshacer lo que se ha hecho va ligada a una casi completa imposibilidad para predecir las consecuencias de cualquier acto o tener un conocimiento digno de confianza de sus motivos” (Arendt, op. cit., p. 253).

Uno de los libros centrales sobre el sentido epistémico de la metáfora lo es, sinduda, el de Paul Ricoeur, La métaphore vive, en el cual se argumenta, entre otras cosas, la imposibilidad de aislar el discurso “meta-físico” del “meta-fórico”.

Tal sería el caso de una de las más influyentes intelectuales norteamericanasen la actualidad, Martha Nussbaum (The Fragility of Goodness), o bien del polémico Richard Rorty (Contingencia, ironía y solidaridad) o Charles Taylor (Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna).

Hans-George Gadamer distingue, por ejemplo, entre tiempo “vacío” y “lleno”.El primero corresponde a la usurpación o apropiación que padecemos gracias al vaivén de la vida cotidiana; es el tiempo del que “disponemos”, que se tiene o no, que se mide, el dedicado a algo, el que se tiene que llenar. Mientras que el segundo corresponde al tiempo propio; es el de la celebración, el que desaparece en la “fiesta”, es el tiempo del que no nos ocupamos; tiempo que se pierde (se gana, diría Lévinas) en una conversación, al igual que en la “demora” ante una obra de arte ( Cfr. Gadamer, H.G., La actualidad de lo bello, Barcelona, Paidós, 1996, pp. 103-105).

Véase, López de la Vieja, M. Teresa, (ed.), Figuras del logos. Entre la filosofía y la literatura, México, FCE, 1994, p. 186.

Gadamer, H.G., Estética y hermenéutica, Madrid, Tecnós, 2001, p. 173.


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